Alaín Antonio Dragoní Cotorruelo (El Dulce)

Trompeta y Vocalista

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“Me enamoré del Son”

Ha desarrollado toda su carrera artística de la mano de la música tradicional. El Septeto Turquino, Eliades Ochoa y el Cuarteto Patria y en la actualidad el Septeto Santiaguero, lo convierten en un experimentado trompetista, defensor de la música tradicional cubana.

En 2012  ganó el su primer Grammy Latino con el grupo de Eliades Ochoa y atesora otros dos galardones por su trabajo con el Septeto Santiaguero. Egresado de la Escuela de Arte Regino Eladio Boti (Guantánamo, 1987) y del Conservatorio Esteban Salas (Santiago de Cuba, 1996) es el primer músico de su familia.

“Me enamoré del Son. Crecí en un barrio con mucha influencia haitiana, aunque vivo en Santiago de Cuba desde los 12 años, mi niñez marcó buena parte de mi inclinación por la música”.

¿Cómo complementa el Septeto Santiaguero tu carrera artística?

“Siempre quise hacer música tradicional. Trabajé 7 años con el Septeto Turquino, luego unos 8 con Eliades Ochoa hasta que decido incorporarme al Septeto Santiaguero. Cada grupo es una escuela y tiene su forma de hacer, de tocar y es importante adaptarse”.

¿Qué has aprendido del Septeto Santiaguero?

“He perfeccionado más la improvisación, donde el músico muestra lo que puede llegar a hacer, también la proyección y el sonido porque este es un grupo de “suena macho”. Me gusta mucho porque cada presentación es un reto y me permite crecer como músico”.

Dragoní es de los artistas que no gustan ser entrevistados, es mucho más fácil iniciar una simple conversación, entre tragos te cuenta de las 5 trompetas que atesora en su casa, de sus sueños de ver a sus hijos músicos y de las horas que dedica antes década concierto a calentar. Aunque es muy poco su tiempo libre, durante dos años logró conjugar su trabajo en el grupo con sus horarios de profesor en el Conservatorio Esteban Salas.

“Lo primero que le enseño a mis estudiantes es la necesidad de sacrificarse cuando eliges ser músico. Este es un instrumento difícil y a los músicos les toca quemar etapas pues mientras otros jóvenes de su edad se están divirtiendo, el músico debe estar estudiando y hay que tener conciencia de ese sacrifico para recoger frutos en el futuro. No obstante creo que hay jóvenes muy talentosos y tendremos buenos trompetistas muy pronto”.

En el escenario siempre que puede baila, sigue muy cerca el trabajo de los percusionistas y siempre está atento a las reacciones del público. “Para mi no hay diferencia en cuanto a los escenarios. Respeto a todos los públicos, toco con la misma entrega en Paris, que en cualquier barrio o comunidad de Cuba. Mi aspiración es que el público siempre disfrute”.

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