Sacúdelo que tiene arena (Parte I)

La actuación artística terminó con un derroche de música tradicional cubana, a cargo de una agrupación con seis nominaciones a los Premios Grammy y dos de esos lauros en sus vitrinas.

Era la madrugada de un sábado cuando concerté la entrevista para el lunes siguiente con uno de sus artistas encumbrados, cuya carrera en El Septeto Santiaguero sobrepasa las dos décadas.

Aceptó de manera gentil pero luego de unos minutos regresaba con dos cervezas en la mano convidándome, con el mismo donaire de antes, a que conversáramos esa misma madrugada en compañía de la grabadora y la sabrosa bebida. Confieso que es una de las pocas ocasiones  que me he quedado conforme después que alguien deshace en menudos pedazos un acuerdo. Esta vez tuve la impresión que mí entrevistado, curtido en el ambiente de las entrevistas y los flash, era alguien que tenía muchísimas cosas que decir, que sacarse de adentro…

También pensé (siendo honesto con mi profesión) que él no tendría ningún deseo de salir a la calle un lunes para reunirse con un periodista que apenas conocía… Nada, que ante esa encrucijada profesional decidí romper el protocolo aprendido a través de experiencias con otros artistas: si quieres tener una conversación realmente reveladora no lo entrevistes ni pocos minutos antes ni después de la actuación (según el enfoque del diálogo, claro está).

Nos alejamos del bullicio y la algarabía, “descorchamos” las cervezas, le di Rec a la grabadora de mi celular y la historia fluyó como manantial.

Inocencio Heredia Castillo, El Legendario… o simplemente Chencho, comenzó a “escribir” sus acordes históricos con El Septeto Santiaguero luego de incursionar en varias agrupaciones musicales como Chepín Choven y El Septeto Luz.

En mi familia no existen antecedentes en el mundo de la música pero desde pequeño tuve afinidad por este emocionante universo. Tanta fue mi curiosidad que cuando en una especie de rifa no conseguí por enésima vez una guitarra, hice una con mis propias manos, y aunque la afinación del instrumento no era mi fuerte -confiesa- sirvió para satisfacer a medias mis inquietudes infantiles.

Esas proyecciones las afianzaría mucho más en la adolescencia cuando los éxitos de la orquesta Dimensión Latina y todo el ambiente Salsero tendrían  en mí mucha influencia.

Además de la orquesta venezolana y la figura de Oscar de León, fueron las obras de los cubanísimos Benny Moré, Son 14 y Pablo Milanés los principales referentes musicales de Chencho.

A propósito, el también M.Sc. en Ingeniería Civil agrega, con su espléndida sonrisa de por medio: En mí época de estudiante de esa especialidad en Rusia y a pesar de que también me gustaban las canciones de Silvio Rodríguez, hacía que casi la veintena de habaneros, compañeros de estudios, escucharan –en parte porque el tocadiscos era mío- la música del oriental Pablo Milanés.

Con 24 años en El Septeto Santiaguero son disímiles las canciones que en su amplio repertorio tienen el distintivo timbre de la voz de El Legendario, sin embargo es el tema “La Meneadera” por el cual constantemente lo detienen en la calle… y el que más él disfruta interpretar.

La alegría que irradia Inocencio, también compositor y percusionista menor contrasta, solo y a veces, con la disciplina y seriedad con la que lleva adelante su trabajo. A menudo se le escucha dar criterios haciendo votos por la responsabilidad que entraña actuar delante del público.

Al preguntarle sobre las razones por las cuales aprecia tanto el trabajo que despliega El Septeto señala la exigencia y el rigor con la que se trabaja en esta agrupación, y por último sentencia: “Lo más importante que hay en la música es la disciplina, el músico que sea disciplinado llega, el que no lo sea, por mucho talento que le corra por las venas se frustra en el camino”. Continuará…

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